viernes, 28 de septiembre de 2012

La Olma de Pareja




La Olma de mi pueblo se está muriendo.
Me dice mi madre por teléfono que no la pueden curar, que se ha secado. El pueblo anda conmocionado, todos opinan y tienen soluciones, pero ella se muere. Llegan biólogos, ingenieros, fotógrafos y periodistas. Inyecciones, vitaminas, agua, antibióticos… Yo recorro 2.000 kilómetros para verla una vez más, para fotografiar sus últimos días. Me resisto ante la posibilidad de llegar a la plaza y que ella no esté allí esperándome majestuosa, con los brazos abiertos, agitando sus manos en señal de saludo, sonriente, como una abuela grande, regordeta y mullida…
No me cobijará más bajo su sombra, no podré refugiarme del calor del verano, no veré sentados bajo sus alas protectoras a lugareños y foráneos. Es el lugar de mis juegos infantiles, de mis bailes de verbena, de las horas de la siesta y el frescor de las noches de verano. En mis recuerdos, siempre bajo su sombra, las golosinas del tío Pedrillo con su cesto de mimbre y sus zaras rojas y negras… los chavales pisoteando las orugas que caían de sus ramas, ignorantes, ingenuos…
Veo sus raíces desparramándose hacia la calle Mayor, antes de que el cemento abrasador la ahogase y enterrase y condenase a la falta de oxígeno por los años de los años. Desde el “poyo de la fruta” la veo zarandearse con las primeras tormentas del final del verano, caer sus hojas agujereadas por el granizo. Al salir de los callejones que invariablemente desembocan en La Plaza, ella estaba ahí, exuberante en primavera, desnuda en invierno, pero viva, al fin y al cabo…
            La Olma centenaria de mi pueblo es un símbolo, una seña de identidad, una superviviente, una luchadora, una triunfadora. Superó enfermedades, modas, remodelaciones, alegrías y tristezas, encuentros y despedidas. Esquivó dictaduras, guerras, posguerras, hambre, frío, desprecio, ignorancia y prepotencia. Izquierdas, derechas, políticos, responsables, irresponsables, gente buena, gente menos buena… gentes que viven, gentes que mueren, que se aman, que se odian, gentes de paso que la miran y la admiran… Ella, en su privilegiado lugar, omnipresente, impertérrita, mirando la vida que se va, que se consume, que se agota…
            Ella, la protectora, la guardiana de nuestros secretos, se está muriendo. “Sólo queda esperar” dicen. Esperar, supongo, a que decida vivir o morir. Porque quizás es que está cansada y ya no quiere seguir. Quizás se aburrió de nosotros y quiere marcharse. Puede que no le gusten estos tiempos modernos y prefiera desaparecer. Incluso puede que lleve tiempo sintiendo soledad y tristeza y no nos hayamos enterado. Quién sabe, quién escuchó, quién acercó su oído para entender lo que decía? Susurraba? Gritaba? Pedía espacio, necesitaba más oxígeno? Necesita cariño, atenciones, mimos? Caricias, abrazos, risas de niño jugando al corro de la patata a su alrededor, la casa en el escondite, el refugio en la lluvia, la sombra de agosto, las tertulias de los abuelos, los encuentros yendo a comprar, el techo de los vendedores ambulantes, las estrellas de antaño, el banco de los enamorados, la casa de los pajarillos, la lágrima en la noche, el fresco para los perros, el punto de mira, la referencia, la sabiduría, la herencia, la abuela que ya no tengo, la seguridad… una parte de mí, de mi pasado, de mi historia, desaparecerá con ella. Y mi tristeza infinita quedará…
Aurora Alcón   (Septiembre-2012)                          










Página web:   www.fotografiadores.es



1 comentario:

  1. Nos ha encantado el relato sobre la Olma de Pareja. Es un fiel reflejo de su paso por la historia y del triste final que está teniendo. Aunque todos deseamos que viva y siga luchando!!
    Besos!!
    Aurora, Mariano e Israel.

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